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"El tap le puso ritmo a mi vida" Alberto Cormillot

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Número 1319 | 17 abril 2007 Páginas 10, 11, 12, 13 y 14

"El tal le puso ritmo a mi vida" Alberto Cormillot
Hace un año que toma clases de tap, cuatro veces por semana. Dice que hoy tiene pantorrillas más voluminosas, que fortaleció sus piernas y, también, mejoró su postura. Foto M. Aballay/Diario Perfil

Finalmente, se decidió. Quiso dejar de postergar su deseo de aprender zapateo americano y avanzó en su ilusión. Durante un tiempo tomó clases con distintos profesores hasta que, hace un año, se encontró con Alberto Agüero quien según dice, potenció su voluntad. Desde entonces, Alberto Cormillot jamás abandonó. Y hoy, a pesar de las múltiples actividades que ejerce en su propia clínica ubicada en el barrio de Núñez y la participación que realiza en el programa "Cuestión de peso", cuando finaliza el día toma clases particulares. "También ensayo durante la semana con un grupo de compañeros porque el 19 y 26 de mayo vamos a ofrecer un show en el Centro Cultural Borges para el Día Internacional del Tap que se celebra el 25 de Mayo", cuenta con entusiasmo.

- ¿Durante cuántos años postergó su sueño de aprender tap?

- Más de treinta. Los hombres de mi generación nos criamos con dos músicas: el tango y el jazz. Fui mucho a la milonga hasta los veinte años. Después, lo hacía ocasionalmente en cumpleaños y casamientos.

MI MAESTRO. Agüero lo prepara para el debut
Foto M. Aballay/Diario Perfil

"El tal le puso ritmo a mi vida" Alberto Cormillot
"Encaré el aprendizaje del tap como un desafío. Hoy puedo asegurar que nada me provoca tanto placer como bailar. ¡Hasta mis arterias están contentas!" Foto M. Aballay/Diario Perfil

"El tal le puso ritmo a mi vida" Alberto Cormillot
Bajo las órdenes de Alberto Agüero, su maestro, es capaz de repetir un paso las veces que sea necesario para lograr el movimiento perfecto. Usa sombrero y zapatos con chapitas. Foto M. Aballay/Diario Perfil

"El tal le puso ritmo a mi vida" Alberto Cormillot
Dice que está habituado a ejercer el papel de director en las distintas actividades que realiza. Por eso, la experiencia de ser alumno le resulta muy gratificante. Foto M. Aballay/Diario Perfil

-¿Qué significa el baile para usted?

- Es una manera de expresarse no sólo con el cuerpo sino mucho más. Me agrada aprender. Por otro lado, me gusta el desafío de poder hacer pasos y coreografías que, al comienzo, me resultaban imposibles. Es un gran placer personal.

- ¿Incrementó la frecuencia de sus clases para prepararse para la muestra o ésa es sólo una excusa para perfeccionarse?

- Tomo clases cuatro veces por semana porque me permite superarme, y esa es mi real motivación. Si el profesor me pide que repita un paso cinco veces, interiormente siento que me gustaría hacerlo cincuenta o sesenta veces hasta que me salga como se debe hacer. Pero el tap no es lo único que hago. También tomo clases de tango en la escuela de Mora Godoy.

Puesto a recordar sus inicios en el tap, Cormillot no quiere omitir el nombre de su padre, fallecido el 29 de enero de este año, como una de las personas que más lo estimularon para que se iniciara en el baile. "El fue una de las primeras personas que me apoyó incondicionalmente. En la fiesta de Fin de Año decidí darle una sorpresa y preparé una coreografía con Miriam Coelho, una primera figura del Colón. Juntos bailamos su tema preferido, "La gran muñeca" y otras coreografías de tap que bailamos con bombín y zapatos con chapitas. Mi viejo estaba fascinado".

Esta no es la primera vez que un hobby lo acompaña en forma paralela a su profesión. En una época también practicó tenis. Cerca de los treinta, fue náutico. Posteriormente tocó el clarinete y, durante un corto período, el bongó e incluso se animó a escribir letras de salsa. "Pero ninguna actividad de las que nombré me provoca tanto placer como el tap. Me considero una persona que enfrenta desafíos. Es algo que hace bien a la cabeza. Y como socialmente desempeño el papel de director en varios lugares, desde mi clínica hasta en dos carreras universitarias y en una revista de salud, en un momento me gratifica ser alumno. Ponerme del otro lado me hace ver que soy bueno en algunas cosas, mientras que otras puedo ser tan burro como cualquier otro. Con el tap se me desarrollaron las pantorrillas como tres centímetros, fortalecí mis piernas y mejoré mi postura. El tap le puso ritmo a mi vida. Hasta mis arterias están contentas", revela el doctor.

Publicación semanal de Editorial Perfil S.A. © Copyright 2007. Editora CARAS. Todos los derechos reservados.

Fotos M. Aballay/Diario Perfil